
De mis amigos, la biografía menos turbulenta era la mía. Pero sí la más capciosa. De pronto se fueron ambos, amigos y biografía, y entré en territorios de una neutralidad que todo (y sólo) aquel que la haya vivido sabrá a qué me refiero. Una especie de universo paralelo donde parece avanzarse exclusivamente en indómitas esferas de lucidez a costa de perder la razón.
Sólo aquel que hubiere perdido de vista a la razón podrá hallar el sentido último. La razón es una fórmula, pero la verdad más profunda se mueve en océanos ocultos y subjetivos. La verdad es una bestia imposible furiosa y marchando, no un dato frío para la ciencia.
De pronto mi soledad fue asimismo presa de todo ello e incluso esto se diluyó en mi biografía. Hubo adyacencia de ruta incluso en tiempo, en forma... en relación. Después de tanto parametrarme en sórdidas historietas personales, todo esto huyó y me quedé solo.
Solo yo y la verdad.
Pero ella era infinitamente más astuta y yo simplemente la había merecido, así que en apariencia ambos marchamos como no reconociendo la importancia en el momento A SABIENDAS QUE EL MOMENTO ERA LA IMPORTANCIA EN SÍ. Como si haberle merecido fuera el punto, pero no, claro.
Ambos marchamos. Y las revelaciones comenzaron. Y el arte es un túnel de queso impecable. Y Dios resultó un protocosmos lúdico impostergable mas bien a interiores.
Pero esto en sí no era ella, sino todo lo otro. Así que la marcha continuó, justo como hasta ahora.
1 comentario:
acaso eso sera locura...ya quisieras la ezqizofrenica verdad saludos aullidos del pasado que no pasa sino habita en nuestras mentes forever
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