Se respiraba el poder.
Un poder inaudito.
¿Era yo simplemente o yo estando allí en esa antesala a lo desconocido?
Abrí la puerta ante la que me encontraba.
De pronto me encontraba ya adentro, puerta cerrada.
Era una enorme habitación, muy alta, muy amplia, únicamente habitada por ese ser que se manifestaba como una gigantesca esfera de energía poderosísima que abarcaba todo el espacio excepto los breves rincones, uno de los cuales donde yo lo observaba.
Había una música sonando en el ambiente. Yo sorprendido sólo atinaba a admirar ese misterioso monumento a lo imposible. Quise verlo desde otro ángulo y me desplacé. Entonces la canción se movió a un punto previo en el continuum del sonido. Mi azoro creció cuando quise corroborar mi teoría: al desplazarme hacia el otro extremo, la melodía fluctuaba hacia otro momento de sí misma y al volver al punto inicial escuchaba exactamente lo que allí se encontraba, como si de una geografía sistémica sonoroespacial se tratara.
Este ser era la música que allí moraba, un dios de sí mismo y de su propio microcosmos siendo eso y sólo ello en sí, y yo allí presenciando.
Presenciando a la música que estaba allí respecto a mí
.
Un poder inaudito.
¿Era yo simplemente o yo estando allí en esa antesala a lo desconocido?
Abrí la puerta ante la que me encontraba.
De pronto me encontraba ya adentro, puerta cerrada.
Era una enorme habitación, muy alta, muy amplia, únicamente habitada por ese ser que se manifestaba como una gigantesca esfera de energía poderosísima que abarcaba todo el espacio excepto los breves rincones, uno de los cuales donde yo lo observaba.
Había una música sonando en el ambiente. Yo sorprendido sólo atinaba a admirar ese misterioso monumento a lo imposible. Quise verlo desde otro ángulo y me desplacé. Entonces la canción se movió a un punto previo en el continuum del sonido. Mi azoro creció cuando quise corroborar mi teoría: al desplazarme hacia el otro extremo, la melodía fluctuaba hacia otro momento de sí misma y al volver al punto inicial escuchaba exactamente lo que allí se encontraba, como si de una geografía sistémica sonoroespacial se tratara.
Este ser era la música que allí moraba, un dios de sí mismo y de su propio microcosmos siendo eso y sólo ello en sí, y yo allí presenciando.
Presenciando a la música que estaba allí respecto a mí
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