Declaración de principios:

Esto no es un diario de jactancias buscando consenso. Esto es un funeral vía la red.
Un fin de algo que hace manar algo otro y que halla su razón de ser en el estigma de
estar vivo para morir cuanta muerte haya qué morir y para lo que hubiera qué hacerlo.
Esto es, pues, una bitácora de vuelo para un alma liberada en su personal muerte
conceptual y cómo sucedió en pedazos desordenados de memoria.

Si usted encuentra complicado mi lenguaje y muy minúscula su capacidad de profun-dización, le recuerdo que siempre habrá mayoría en las lecturas ligeras para ese efecto,
así que mucho le agradeceré permanezca lejos de aquí.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Sueño No. 1

Se respiraba el poder.
Un poder inaudito.
¿Era yo simplemente o yo estando allí en esa antesala a lo desconocido?

Abrí la puerta ante la que me encontraba.

De pronto me encontraba ya adentro, puerta cerrada.

Era una enorme habitación, muy alta, muy amplia, únicamente habitada por ese ser que se manifestaba como una gigantesca esfera de energía poderosísima que abarcaba todo el espacio excepto los breves rincones, uno de los cuales donde yo lo observaba.


Había una música sonando en el ambiente. Yo sorprendido sólo atinaba a admirar ese misterioso monumento a lo imposible. Quise verlo desde otro ángulo y me desplacé. Entonces la canción se movió a un punto previo en el continuum del sonido. Mi azoro creció cuando quise corroborar mi teoría: al desplazarme hacia el otro extremo, la melodía fluctuaba hacia otro momento de sí misma y al volver al punto inicial escuchaba exactamente lo que allí se encontraba, como si de una geografía sistémica sonoroespacial se tratara.


Este ser era la música que allí moraba, un dios de sí mismo y de su propio microcosmos siendo eso y sólo ello en sí, y yo allí presenciando.


Presenciando a la música que estaba allí respecto a mí


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